Hola a todos,
hace un mes que no escribo en el blog. La verdad es que no sólo ha sido por falta de tiempo (que también), sino por falta de ganas. Me ha faltado inspiración, no sé, supongo que esto es como todo, ¿no? Hay días que escribiría un montón de cosas y otros en los que, aunque lo intento, no soy capaz de hacerlo. De hecho, incluso me he encontrado en algunos momentos desbordado, me explico: hay veces que tengo tantas cosas que comentar, que me bloqueo y acabo por no escribir nada. Pero el viernes, ojeando en Internet, me topé de frente con una noticia que me devolvió la inspiración en un chasquido. Y me decidí a teclear tras estar casi al borde del colapso por lo sorprendente del artículo.
¿Conocéis a Emilio Botín? ¿Ese señor al que las entidades bancarias de toda Europa respetan y ensalzan como una de las personas más brillantes en el ámbito bancario, y que se pasea como Pedro por su casa por el box de Ferrari en los grandes premios de Fórmula 1 alrededor del planeta? Estoy seguro que sí. Cómo no conocer al banquero más mediático y "simpático" del mundo financiero, con ese apellido tan acorde a su profesión. La verdad es que es digno de admirar, el hábil banquero ha conseguido evadir causas judiciales desde hace tiempo, y sigue en la brecha a sus 77 años haciendo honor a un apellido que le viene como anillo al dedo, tanto a él como a sus familiares y antepasados, que constituyen un vasto linaje de magnates bancarios.
En fin, vamos a la noticia, que es lo importante. Resulta que, según varios medios de comunicación, el señor Botín se ha despachado a gusto afirmando en una entrevista a un periódico americano que su banco, el Santander, nuestro orgullo patrio, aumentará su beneficio en un 50% en los dos próximos años. ¿Esto será verdad o es otra fanfarronada del presidente del Santander? Si es lo segundo, me quedo más tranquilo. A mí, personalmente, me da igual que un banco mienta a un medio de comunicación estadounidense, ahora bien, lo que no me gusta es que esto dispare las ilusiones de las personas que esperan, como agua de mayo, que el crédito vuelva a fluir, para poderse financiar y salir del atolladero en el que reposan indefinidamente. Porque claro, yo, al leer la noticia, me pregunto cómo, en una crisis tan profunda, se puede generar un beneficio tan brusco. Beneficio que nos recuerda a los no tan lejanos tiempos de bonanza. ¿Significa que en dos años el dinero volverá a circular y la crisis quedará en una mera anécdota? No me parece justo que en tan delicada situación, se generen falsas esperanzas entre la maltrecha población trabajadora. No obstante, sigue pareciéndome mejor que sea una fanfarronada que no se vaya a cumplir, que una realidad. Porque si el beneficio del banco español crece de acuerdo con los pronósticos de su presidente, me tengo que poner serio. ¿Por qué? Porque si esto ocurre no será porque hayamos salido de la crisis. El Banco Santander tendrá sus suculentos ingresos pero el crédito va a seguir sin llegar al ciudadano de a pie, argumentando las mismas sandeces que utilizan ahora para negarle financiación si se atreve a cruzar la oficina del director de banco de turno con la utópica intención de acceder a un préstamo. Y eso me parece indecente, por no llamarlo de otra manera... Esta clase de gente no tiene delicadeza, ni empatía con nadie, ni solidaridad, ni vergüenza, ni escrúpulos. Más aún, se vanaglorian de sus "logros" gritándolos a los cuatro vientos sin pensar que están jugando con las esperanzas de las personas; sin tratar de comprender que si, la mayoría de los mortales, estamos viviendo una pesadilla de la que no sabemos cuándo vamos a despertar, es en gran parte, por sus "inteligentes" estrategias.
Señor Botín, no alardee tanto de su potencial y, si realmente, tiene fuertes convicciones de que su banco va a crecer a ese nivel, guárdelo para sus círculos privados. Hoy por hoy, no nos sentimos orgullosos de que uno de nuestros bancos esté considerado como uno de los mejores, no señor. Hoy, pensamos que entidades como el Banco Santander, BBVA, Telefónica, Repsol, Inditex, Iberdrola, etc., no son dignas de que sintamos orgullo por ellas porque, una vez más, nos demuestran que, pese a las dificultades vividas en la actualidad, siguen ganando cantidades desorbitadas de dinero y, para colmo, aún tienen la osadía de quejarse públicamente de sus problemas y así justificar el aumento de sus precios y la reducción de los derechos de los trabajadores. ¿Tengo que sentir lástima por ustedes? ¿Y quién siente algo por nosotros? Ándense con ojo señor Botín, usted y todas las aves de rapiña de su especie, que el ambiente se crispa y están en el ojo del huracán.
Buenas noches y hasta la próxima.